Hola!!
Sólo informaros que a partir de ahora el silencio se disfruta en otro sitio y el apellido WordPress desaparece para siempre. Si quereis seguir leyéndome por favor visitad www.enjoythesilence.es.
Gracias!!
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Hace relativamente poco tiempo que vivimos en globalización. Parece que ya nos vamos acostumbrando a que un rumor de venta de una empresa puntera de accesorios informáticos en Taiwan haga temblar las cotizaciones del mercado mundial al minuto. Nos resulta del todo normal poder husmear por Internet todo lo que nos plazca sobre la cultura griega, ver fotos, vídeos, leer comentarios, críticas. Con un poco de suerte, en unos pocos meses podremos “andar” por las calles de todo el mundo (con su latencia correspondiente) sin movernos de nuestra silla.
Y nos gusta. Vaya si nos gusta. Digan lo que digan. La Red en este sentido ha cobrado un papel protagonista, siendo el medio a través del cual obtener todas las necesidades que queramos ir cubriendo. ¿Necesito alquilar una moto en Brasil? Hecho. ¿Quiero conocer a alquien que me recomiende sitios en Ghana? Conseguido. ¿Un coche de lujo alemán? Claro que sí. El otro día hablaba con mi hermano y me decía “es que quieras lo que quieras, está en Internet”, tiene razón.
Además de poder realizar todas estas cosas también tiene un importante componente social. Podemos relacionarnos con personas del todo el mundo desde nuestra habitación. Escribir, leer, hablar, oir e incluso verlas si han ganado nuestra confianza o somos poco tímidos. La red social más grande del mundo, Internet. Desgraciadamente, la sociedad mundial no se diferencia mucho de la sociedad local en la que tú o cualquier persona podamos vivir o trabajar. Hay gente buena, guapa, alegre y divertida. Gente con paciencia, con sinceridad, seguridad y comprensión. Muchos, incluso, creamos blogs donde expresar nuestros pensamientos y ocurrencias. Otros son tímidos y rechazan el mundo virtual aunque hagan uso de él. Puedes encontrar gente aburrida, simple, pedante e incluso horrible pero, como en toda sociedad, hay gente mala, pervertidos cibernéticos, enfermos de los Kbytes. Existen personas que se valen de Internet para insultar, engañar y cometer delitos de todos los niveles. Para mí sólo hay un culpable y es el hombre y, aunque pueda ser algo freak creo totalmente en La rebelión de las máquinas.
De cualquier manera, el anonimato en Internet es sobre lo que gira el verdadero poder del mismo, si hablamos de relaciones sociales a través de la Red. Seguramente la mayoría de los que estais leyendo esto habeis tenido la ocasión de chatear con alguna persona o hablar a través de un foro o, simplemente, habeis contestado a una entrada en un blog. Todas estas formas de comunicación son, si queremos, total o parcialmente anónimas (a través de un alias), lo que nos permite poder ser otra persona, un ciber-yo.

‘Pruébalo anda, que por un día y una vez no pasa nada’. No sé quién se inventaría esta frase pero estoy seguro que casi todos nosotros la hemos escuchado alguna vez en nuestras vidas. También existen frases que no se sabe muy bien de dónde vienen pero están construidas hace tiempo y son perennes, y cito dos que se me ocurren ahora mismo:
‘Estás más pedo que Alfredo’ –> ¿Quién es este tipo? Debe ser un borracho de cuidado, ¿no?
‘A mí plin’ –> ¿Cómo que a ti plin? ¿Qué es plin?
Tienes básicamente dos opciones a la primera sentencia. O lo pruebas o no lo pruebas. A priori, sencillísimo, he aquí una de esas decisiones ya comentadas. Como esta frase suele aparecer en instantes de euforia la mayoría de ocasiones tendrá un ‘venga, va!’ por respuesta y, como norma general, aquel que no responda así será socialmente inferior a los que, en ese momento, compartan su entorno. Todo esto tiene más sentido si veis este vídeo que me enseñaron el otro día.
Y si lo que os gusta es la fiesta de verdad y estais locos por que el fin de semana se apodere de vosotros, que la música entre directa a vuestros oídos y os haga sentir todo aquello que añorais cada día de la semana sólo teneis que utilizar un poco (o mucho) de lo que utilizan en el anterior vídeo e ir a una buena rave party al aire libre. El resultado será, sin duda alguna, sonado:
Creo que la droga es como las gafas de Cobretti, que nunca pasaron de moda y nunca lo harán. Además, son un negocio más rentable que las gafas de sol aunque, bueno, estamos hablando de la salud de personas … mmmm … ¿cuánto vale una persona? Voy a echar cuentas ……

“No es lo mismo conducir que conducir”, eso es lo que llevan años metiéndonos en la cabeza los creativos de BMW. “Siempre habrá clases y clases”, esta frase yo creo que se decía ya cuando se hablaba de los cantares de gesta, el mester de juglaría y los versos alejandrinos. El ser humano, ya innato en él, lleva insertado el chip de la diferenciación. Ya nos pueden inflar a propaganda y anuncios de globalización, humanidad, solidaridad y todo lo que piensen que pueda cambiar la capitalista y codiciosa condición que, muy a nuestro pesar (quiero creer que hay alguien más que piensa como yo), domina hoy en día las cabezas pensantes de nuestro alrededor, que no hay nada que hacer.
Me gustaría ver qué haría alguien con mucho poder si en vez de estar durmiendo tranquilamente en su despacho, con baño y sofá-cama, estuviese tranquilamente durmiendo en una pequeña caseta de algún pequeño pueblecito al Sur de México y esperando, sin saberlo, que el huracán Dean se lleve su hogar y vete tú a saber si su vida (por el momento no hay víctimas en México). Si el 1º muriese de un infarto de corazón en su lujoso despacho seguramente saldría en las noticias, habría un par de reseñas en Expansión y ABC y sería una grandísima pérdida para el mundo empresarial o político o cualesquiera que fuese su desempeño. Si muere el 2º, ¿qué pasa? se enteraría su familia, que eso sí lloraría igual que la del 1º, y nadie más sabría de él, no importa, no le aporta ningún beneficio a la sociedad, no es nadie, ¿no? En fin ….
Creo que hemos de reconocer que nos cuesta mucho ponernos en el lugar del otro. Y ya no hablo del ejemplo tan exagerado que he puesto en el párrafo anterior. Hablo de acontecimientos diarios, por ejemplo:
Uno se levanta con algo más que el pie torcido, se pone lo primero que ve en el armario y se va directito a por su coche para llegar a su hora al trabajo. Por el camino se encuentra a el/la típico/a compañero/a de Instituto, Universidad, Curso o lo que sea con el que en su momento se llevaba de lujo pero el tiempo pasa y ya no sabes ni qué puedes dialogar con este personajillo (tú ya lo defines así). ¿Qué haces? Desde lejos vas vigilándole la mirada hasta que justo cuando estás en su radio de acción tú piensas para ti “Si le saludo tengo que tener la típica conversación absurda que no me aportará nada y lo mismo hasta llego tarde” y …. miras al suelo. Él/Ella se ha dado cuenta de tu jugada igual que tú te darías cuenta si alguien te la hiciera y piensa “Menudo subnormal, en la vida le saludo ya, ¿será engreído?¿qué se cree?” pero eso, como ya he dicho antes, no lo tenemos en cuenta porque sólo pensamos en nosotros mismos.

Hace poco volví a ver en un blog amigo un “reportaje” en forma de vídeo que me recordó lo tonto que es el ser humano, en general. Y es que yo creo que no nos damos cuenta pero vamos hacia atrás en vez de hacia adelante. En 1.986 Silvester Stallone aparecía de esta guisa en Cobra. El durísimo policía Marion Cobretti imponía su ley allí por donde iba, a mí me recordaba un poco a Atila, que decían que por donde pisaba no crecía el pasto. De esa película me quedaría con la voz en off del principio, que rezaba así (traducción más o menos literal del original, perdonen los bilingües):
“En América, se produce un robo cada 11 segundos, un asalto a mano armada cada 65 segundos, un delito grave cada 25 segundos, un asesinato cada 24 minutos y 250 hurtos al día”
Resulta que ya hemos consumido más de medio 2.007. Estamos en pleno siglo XXI y creo firmemente que ya hemos superado los miedos iniciales de cambio de siglo. Aún recuerdo cuando la Nochevieja de 1.999 a 2.000 se rumoreaba que los ordenadores se bloquearían, que todos los sistemas de seguridad bancaria se llenarían de agujeros o que el caos se apoderaría del mundo entero, en fin, nos gustaba ser tan positivos como Nostradamus.
Hace un par de semanitas aquí maese T3is estaba tomando el sol en Cala Salada, sita al noroeste en la isla mallorquina de Ibiza. Si algo tiene Ibiza es fama de fiesta, lujuria, desenfreno, buena música, sexo, descontrol y, creo que también, modernidad. La moda pasa por Ibiza, sólo hay que ver a las mujeres en la noche ibicenca, van disfrazadas. Bueno, habiendo puesto en contexto que Ibiza es una de las islas donde se pueden ver posibles tendencias yo me pregunto una cosa:
¿Por qué todos, todos, todos los machotes sin camiseta que bailan al son del mejor House en el chiringuito más conocido de la isla, llámese Bora Bora, llevaban puestas las mismas gafas de sol que Cobretti? Primera variable que vuelve hacia atrás, la moda.

Cada año la misma historia. Siempre pasa lo mismo.
Yo creo que lo noto más porque vivo en Madrid (soy mesetario como algunos levantinos me dedican) y la mayoría de los madrileños queremos salir disparados del centro para olvidarnos un poco del estrés que nos produce. Y es que es verdad, aquí en Madrid todos vamos uniformemente acelerados. Llevo dos años seguidos conociendo gente de Andalucía que ha venido a la capital y me ha dicho “pero quillo, ¿que teneis prisa que vais corriendo a tos laos? Ni esperando el Metro estáis paraos, teneis que moveros”. No me extraña nada porque aquí te levantas e intentas ir a trabajar y te topas con medio millón de coches que van en la misma dirección que tú así que ahí ya empieza el “estresing”. Si se te ocurre ir en tren a trabajar ya puedes ir comprándote una máscara de gas para aguantar el olor a muchedumbre que hay en todos y cada uno de los vagones de Renfe. En fin, que les doy la razón, en Madrid el ritmo que llevamos es más bien rapidito y cuando viene gente de fuera y te lo dice es cuando te das cuenta porque si no … nosotros a lo nuestro.
Es curioso porque en cuanto vemos un rayito de sol más amplio de lo normal nos lanzamos. Después de los otoños e inviernos que está proponiéndonos la madre naturaleza estos últimos años es lógico. Llega Abril y llega la Semana Santa y, con ella …. el atasco total. Ya puedes vivir al Sur, al Norte, al Este o al Oeste de la capital que te va a dar igual. Sabes que vas a tardar en volver a casa del trabajo alrededor de una hora y media. Y eso si decides no moverte de Madrid, como se te ocurra ser uno de los que eligen la traslación hacia un lugar de vacaciones ya tienes que agarrarte bien los machos para pasar otra jornada laboral dentro del coche. Lo mejor si te vas en esas fechas a algún lado, el avión.
Pero a lo que yo voy es a que luego cuando hablas con el personal todo el mundo te dice que “la hipoteca me está matando”, “casi no salgo de lo pillado que voy todos los meses”, “¿podemos ir a cenar a un sitio más barato”, etc … Y da la casualidad que en Semana Santa, puente de Mayo y, por supuesto, todos los fines de semana de veranito ya puro y duro, no cabe ni un alfiler en las carreteras españolas. ¿De dónde saca esa gente el dinero? Para mí que vivimos por encima de nuestra f.p.p.
Todo es posible en este mundo, ¿verdad?
Por ejemplo, minuto 90 del partido Betis-R.Madrid correspondiente al torneo Carranza. El entrenador del Real Madrid decide cambiar al portero que ha jugado todo el partido (Iker Casillas) y sacar a uno de los fichajes para esta nueva temporada (Dudek) que a priori pararía mejor unos supuestos lanzamientos de penalti. Quedan tres minutos (los que ha añadido el árbitro) y todo parece que se va a decidir desde el punto de penalti. Minuto 93, falta al borde del área a favor del Betis, llega un tal Caffa y la clava. Dudek hace la estatua y prácticamente se va ya encaminando al túnel de vestuarios, “magnífico debút el mío” tiene que estar pensando el polaco con una cara que no es cara sino carota.
Todas las decisiones que tomamos son importantes. Unas más que otras, si, pero yo siempre he pensado que en una de las Leyes de Newton, el principio de acción-reacción, es en lo que se basan la mayoría de nuestros actos, al menos los míos. Ser una persona calculadora, que piensa lo que pasará después de cada acto propio, seguramente nos haga acertar en un alto porcentaje de las situaciones en las que nos vayamos a encontrar. Evidentemente, como cualquier Ley o Principio, tiene sus excepciones, de hecho la excepción confirma la regla.
Un día normal en una persona normal con un trabajo normal no va a exigir más de 10 decisiones dificiles a ese individuo. [Como este blog no lo van a leer muchos directivos ni personas que tengan que tomar decisiones importantes para sus empresas puedo continuar]. Es muy complicado definir lo que sería una decisión difícil para una persona normal, pero voy a hacer una tentativa ….
10.30 am - Tu pareja te llama un tanto nervios@ porque le duele muchísimo la cabeza y se dispone a ir de inmediato al hospital. En el final de la conversación tú le has dicho aquello de “¿quieres que te acompañe?” a lo que respondió “lo que tú quieras” y colgó.
10.35 am - Después de colgar empiezas a recordar que en tu trabajo normalmente suelen poner bastantes pegas para abandonar tu puesto. Es más, desde que estás ahí nadie se ha ido así como así ni siquiera porque se le haya puesto un bebé malito.
10.45 am - Después de 10 minutos dándole vueltas a la cabeza has logrado definir la siguiente situación:
¿Qué decisión tomas? A mí esta me parece la típica decisión difícil de tomar y de aquí enlazo con la pregunta con la que empezaba la entrada. Si te quedas en tu puesto de trabajo, no acompañas a tu pareja al hospital y allí le detectan alguna cosa muy mala o, peor aún, es algo realmente esperpéntico y no vuelves a verl@ estoy seguro de que casi todos nosotros nos sentiríamos más que culpables por no haber salido corriendo de ese maldito trabajo que no nos permite ni cuidar de quienes queremos. Son cosas que seguramente no nos suceden en la vida, de ahí que se nos quede esa carota cuando nos ocurren.